miércoles, 3 de diciembre de 2014

28/11/2014 Salineras de Maras - Perú 

Sal-iendo

El habla estancada entre el pecho y la garganta. A veces se nos olvida decir las cosas y la coherencia se esfuma: una espuma de cerveza al final del vaso; una hoja de ceniza se deshace en la superficie de un lago cristalino.

Se origina un bolo de energía en la tráquea, te impide tragar, digerir, ni siquiera escupir. La psique se abruma y, si se lo permites, enferma el cascarón. Así funciona la secuencia. Para eso se escribe, para exorcizar el alma y evacuar las impurezas del pensamiento. Para eso se dibujan las letras, para desdoblar la antítesis de la Verdad, para servir con grafos de tinta y carbón a nuestros reflejos de carne.

Sin duda, viajar distiende los dedos, y en las salineras de Maras dilató también mis pupilas.

Comprender un diminuto grano de sal para endulzar la saliva de las dinámicas vivenciales. Observando al ancestro invisible que tendió piletas con el fin de extraer el alimento mineral, asiento y sustento de sus predecesores. Casi dos mil años atrás conectados con la salobridad del monte, y bebiendo chicha de maíz amarillo, compartiendo con el foráneo y abriendo la caparazón para dejarme entrar en un valle, por mí inexplorado, en el punto de fuga de las líneas paisajísticas.

En los rostros del nativo, se expresa un silencio parlante de manos callosas y hendiduras faciales. Aparecen como canales por donde el sudor y las lágrimas algunas veces se juntan con las pequeñas hebras de nuestros vehículos, todavía con un amplio kilometraje por trasegar. Esas texturas de tez trajinada son una imagen de los campos del lugar. Allí, las costras de sal marcan un estrecho camino de estalagmitas, diseñado por pasos milenarios.

Entre las zanjas de agua de sodio, tibias y movedizas, se presiente el torrente de la renovación. Desemboca quién sabe en qué neo entidad, vigilando los trayectos de los visitantes, perplejos por la blancura de un terreno de abastecimientos inagotables.

De vuelta, los campos de retazo manifiestan brazos de palo con extremos de metal cortante que se hundieron con frecuencia en su pulpa para dar forma al manto variopinto de marrones amarillentos y verdosos. El fondo de escritorio impone una gran montaña -no recuerdo su nombre, aunque el taxista me lo dijo- de cimas perladas y frescos humos de niebla, mientras en los habanos pastizales aún sin arado, sobresalen crestas y plumajes de aves rapaces: águilas y seudo cóndores comparten cadáveres y se alzan en vuelo para el avistamiento de nacientes presas que se zambullirán en el firmamento de los roedores.


'Hasta lueeeego' bala un rebaño de ovejas con su timorata voz, cuando nos despedimos internamente de una omnipresente obra andina.     

domingo, 30 de noviembre de 2014

31/10/2014 Bolivia - Lago Titicaca - Playa de las Sirenas

El Día de Los Muertos se mezcla con los sabores, aromas y texturas de la cocción. En la fogata, las llamas naranjas corroen la madera poco a poco; similar a una tintura, tiñen a los troncos del mismo color del cual gozan. Así, las burbujas del hervor delatan un éxtasis de temperatura para que todo se entrecruce con el murmullo de un océano montañero. 

Las sombras traen frío, aunque el resplandor se refleja en la arena que de algún modo da un tono crocante a los alimentos al ser masticados por dientes hambrientos de sensaciones nuevas. 

Un bosquejo de superficialidad se integra con el sentir, pues al fondo se llega en momentos de claridad que emerge hacia la matriz que pare al movimiento, el infranqueable rasguño de libertad y emoción. Perfección febril de una nueva entidad nadando en los subterfugios cósmicos; una aberrante fuerza de dos megalitos chocando en la dualidad de la ilusión/realidad. Elegimos, revertimos y rehacemos nuestro andar a cada lapso de sudor entre las piernas obedientes y calladas.

En los bellos de la cordillera, quedan atrapadas gotas que esbozan la inmensidad en cada punto del cuerpo atmosférico, en la tonada del animador.

30/10/2014 Bolivia - Lago Titicaca - Templo Willca

Trepado en la roca más alta, veo casi 360 grados de Paz. Las gaviotas cantan sus líricas de saludo y el Astro Rey, camuflado entre las nieblas del techo, difumina sus chorros de fotones. El peñasco es blanco y ocre con innumerables salientes y vegetación inquieta por las ráfagas de aliento. 

En los bordes de montaña hay una escasa playa donde los amantes se encuentran y trascienden las barreras corporales para juntarse en la miel de la alborada.

Tréboles de cuatro y cinco hojas besan los pies desnudos del pastor de ovejas, agradecido por el suave tacto de la PachaMama.

29/10/2014 Bolivia - Lago Titicaca - Playa de las Sirenas

En el mirador de mi alma, presiento que los límites se extinguen y vuelo sobre los glaciares, surfeando en el aire, cabalgando en las nubes. Un escalofrío de felicidad estremece mi piel que recibe la potencia solar en rayos dorados y se filtran en todos mis torrentes y los divinizan. Cada célula permeada por su calidez. Cada una refleja los destellos de colores como esmeralda prismatizando el flujo lumínico dentro del organismo del Universo, por dentro de la Tierra, donde la semilla brota, la simiente explota y sus fibras capturan el Amor del éter que todo lo acaricia con la suavidad del terciopelo virgen. Mientras la espuma de las olas relata la sinfonía de mi ADN que se entrelaza, helicoidal, con las plantas y con el agua, y fluyen juntos en una espiral magnífica, infinita.

Así son las cuerdas que tocan la cítara de un laberinto con múltiples caminos a la Gran Puerta: curvos y rectos, poligonales, secretos y divulgados a todos... los que deseen. Pienso en tonterías, las exorcizo en la letra, vomito tinta de mis dedos confundidos. Es el proceso de purificación en el Sol proyectando sombras que dejo en los trechos mal y bien trechos.

Comunicación con el este desde mi integridad, con todos mis cuerpos libres, sin espina alguna, pues la mente comprendió su poder. Recto en concentración con el interno. Patrones multiforma en la vegetación, en las palmeras, en las flores. 

Buscador de la realidad viajando en el soplo de la inmensidad y de la transformación, me fundo con el prana y entre los surcos terracota de las peñas me cuelo de manera circular y me derrito en las comisuras de los cerros, entre el frío de sus picos y el calor de los valles como en ondas que hacen vibrar la visión.

Las piernas se duermen llenas de hormigas, las despierto y camino los senderos de la Verdad con firmeza y paciencia. 

Así, los ritmos del lago nos relatan historias de vaivenes, de siluetas que se han bañado con líquidos dulces con filtros de varios tonos verde-azulados, dejando entrever mechones de cabellos lisos y uno que otro seno como un iceberg que derrota la línea última y primera.

17/10/2014 Bolivia - Cochabamba - Jardín Botánico


En las rocas, las abuelas, navego sin motor mientras el agua del estanque tiembla en patrones de interferencia por las bocanadas de respiros etéricos. Son como barcos los millones de flores amarillas que surcan los líquidos que una vez se encontraron quietos. Turbulencia de pequeñas olas instigando al choque de las naves, represadas en una esquina de curvos rigores. Primero fueron aviones, antes, canoas; luego, submarinos que descansan en el lecho.

martes, 18 de noviembre de 2014


01/10/2014 Quillacollo - Bolivia (a 15 km de Cochabmba)



Eres ilimitado e imparable, pues estoy contigo en cada respiro, latidos del Corazón universal, multiversal. Resueno en el nacimiento de los avatares y en la muerte del juglar como un trueno hipócrita que primero lanza su luz y después despierta al sonido ronco de un eco permeable en todos los rincones. 

E inmersos en la niebla de la Vida, se entrelazan vibrantes los hilos del tejido majestuoso en un tango de cantinas repletas de borrachos unas, y con cada vez más sobrios otras. La ausencia de un destino ligada a la inexorable existencia del Único Principio, termina y comienza en las olas del mismo mar de tierra y fuego, donde las flores abiertas piden la palabra para preñar a otras y enaltecer los colores y aromas en los callejones del errante humano que empieza a juntarse de nuevo en un momentum de adoración estelar. 

Sin embargo, el centro se estremece con más fuerza aún y su percusión tribal retumba en los pechos de los locos y anormales con su ritmo implacable. Y ella, el perfume del jazmín en la antesala, sentada con dulce autoridad de Madre y amante, toma aquellos hilos como riendas, y guía al caballo de Troya hacia la inevitable victoria evolutiva. La fuerza de la Diosa se hace presente y motiva a la realización con una caricia corporal, y semejante a la tormenta moviendo su vientre ondulatorio, une los catorce puntos en un circuito: constelaciones humanas en ascenso que un día se verán en el cielo y serán galaxias y tendrán su propio nombre.