31/10/2014 Bolivia - Lago Titicaca - Playa de las Sirenas
El Día de Los Muertos se mezcla con los sabores, aromas y texturas de la cocción. En la fogata, las llamas naranjas corroen la madera poco a poco; similar a una tintura, tiñen a los troncos del mismo color del cual gozan. Así, las burbujas del hervor delatan un éxtasis de temperatura para que todo se entrecruce con el murmullo de un océano montañero.
Las sombras traen frío, aunque el resplandor se refleja en la arena que de algún modo da un tono crocante a los alimentos al ser masticados por dientes hambrientos de sensaciones nuevas.
Un bosquejo de superficialidad se integra con el sentir, pues al fondo se llega en momentos de claridad que emerge hacia la matriz que pare al movimiento, el infranqueable rasguño de libertad y emoción. Perfección febril de una nueva entidad nadando en los subterfugios cósmicos; una aberrante fuerza de dos megalitos chocando en la dualidad de la ilusión/realidad. Elegimos, revertimos y rehacemos nuestro andar a cada lapso de sudor entre las piernas obedientes y calladas.
En los bellos de la cordillera, quedan atrapadas gotas que esbozan la inmensidad en cada punto del cuerpo atmosférico, en la tonada del animador.
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